Existir es Resistir Vídeo del proyecto The Agri/Cultures Project

Esta corta animación está basada en una investigación en el Estado español e ilustra la multiplicidad de prácticas de resistencia cotidiana que son llevadas a cabo por productores y procesadores de maíz no transgénico para evitar tanto la expansión de los cultivos transgénicos como los impactos que reciben de la contaminación transgénica.

Su versión en inglés: 

La animación forma parte nuestros esfuerzos por explorar nuevas formas de comunicar la investigación científica a audiencias no especializadas. Está basada en nuestra última publicación académica, que también os invito a leer: Herrero, A., Binimelis, R., and Wickson, F. (2017) «Just existing is Resisting: the everyday struggle against GM crop expansion in Spain». Sociologia Ruralis Accepted Author Manuscript. doi:10.1111/soru.12166

El proyecto Agri/Cultures es un proyecto de investigación que explora las diferentes culturas agrícolas. Podéis seguir el progreso del proyecto en nuestro blog: www.agriculturesproject.org
Espero que disfrutéis esta animación, y os estaría muy agradecida si pudierais ayudar a distribuirla entre vuestras redes.

Observatorio OMG

Desde el área de Agroecología, Soberanía Alimentaria y Medio Rural de Ecologistas en Acción hemos puesto en marcha recientemente una web informativa sobre transgénicos. Aunque este sea un tema que lleva muchos años en el aire, nos encontramos en un momento especialmente delicado, ya que la nueva legislación aprobada da más poder a los Estados y regiones para rechazar su cultivo, y que la aparición de nuevos grupos políticos plantea opciones que no estaban presentes anteriormente.

La web es la siguiente: www.observatorio-omg.org.

En la sección Recursos hay disponibles informes, libros y artículos en castellano que hemos ido recopilando. El más importante es el libro “Mitos y Realidades de los OMG”, que se puede consultar en su versión navegable aquí, o descargar en pdf aquí (la versión navegable es más cómoda para leer en el ordenador, y está más actualizada en cuanto a erratas). El libro está disponible de forma gratuita y no existe versión impresa a la venta, aunque sí una versión acortada para imprimir y difundir.

Este libro, escrito por dos biólogos moleculares y una periodista especializada en OMG (Michael Antoniou, John Fagan y Claire Robinson) explora algunas de las afirmaciones más comunes en materia de transgénicos, contrastándolas con los datos existentes. No es un libro para leerse del principio al final, sino más bien un material de referencia. Para ponerse al día de forma rápida se pueden consultar las secciones “El mito en unas líneas”, que exponen los argumentos más relevantes de forma resumida.

Reflexiones sobre la alimentación y los transgénicos

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La complejidad de la alimentación humana en un mundo rasgado por la fractura Norte-Sur, dominado por megacorporaciones y enfrentado a una crisis socioecológica global se pone de manifiesto en el caso del “arroz dorado”, una variedad de arroz transgénico creado por investigadores suizos que contiene cierta dosis de betacaroteno (sustancia precursora de la vitamina A). De entrada, hay que reconocer que con esta planta estamos en un terreno de discusión distinto al de otras variedades transgénicas resistentes a herbicidas o productoras de toxinas insecticidas: aquí cabe debatir sobre un auténtico beneficio potencial para gentes desfavorecidas. En efecto, muchos millones de personas en todo el mundo no ingieren suficiente vitamina A (en un contexto general en el que el 40% de la población mundial, al menos, padece deficiencia en micronutrientes); según la OMS, para 2’8 millones de niños menores de cinco años la falta de vitamina A es tan grave que produce ceguera.

¿Podría este arroz enriquecido ser una solución? La industria biotecnológica emprendió ya hace lustros una intensa campaña de public relations para convencer al mundo de que sí, y de que por fin llegan los cultivos transgénicos “buenos”. Es cierto que desde el año 2000 “ el arroz dorado ha funcionado como pararrayos en la batalla en torno a los cultivos transgénicos”. Para la industria se trataba sobre todo de  una escaramuza de contención de daños que se jugaba en el plano de la aceptabilidad política. No es la primera vez que llaman “asesinos” a los colectivos ciudadanos y ecologistas que se oponen a los cultivos y alimentos transgénicos, pero en esta ocasión el grito ha resultado especialmente estridente: una carta firmada por más de cien premios Nobel que ha sido ampliamente publicitada en el mundo entero.

Se diría que un enfoque racional del problema lleva a aumentar la biodiversidad en los cultivos y la variedad en las dietas, más que a fiar en las seductoras promesas del “arroz dorado”. De hecho, un importante programa internacional se orienta a introducir entre los campesinos del África subsahariana –donde cientos de miles de niños menores de 5 años padecen ceguera por deficiencia en vitamina A— variedades de boniatos adaptadas al clima y los gustos culinarios africanos. Los boniatos son ricos en betacaroteno, y sólo con incorporar pequeñas porciones de estas nuevas variedades a la dieta africana habitual se eliminan las deficiencias en vitamina A. A menudo las soluciones más sencillas son preferibles a la agricultura high-tech: en esto, una noción clave es la de resiliencia.

Transgénicos: El fracaso del arroz dorado

Ya hemos hablado otras veces de cuál es la situación en la que se encuentra el arroz dorado, después de más de 20 años de investigación y millones de dólares de inversión. Aunque lleva años siendo utilizado como herramienta de relaciones públicas para justificar la introducción de cultivos y alimentos transgénicos en países empobrecidos (incluso, muchas veces, diciéndose que es un triunfo que ya ha salvado a millones de niños, lo cual es manifiestamente falso), lo cierto es que este arroz lleva años estancado en su fase de desarrollo, en etapas de mejora vegetal que intentan encontrar una línea que produzca arroz en cantidades suficientes. Las preguntas sobre su seguridad, así como otras cuestiones relacionadas con su utilización y conservación aún no han podido empezar a plantearse.

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No la «ciencia» no ha confirmado que los transgénicos son seguros

La prensa y la manifiesta manipulación de la información con sus titulares. Será que estemos allanando el camino para que la ciudadanía vea con buenos ojos el TTIP

Lee más abajo la respuesta de el Observatorio OMG de Ecologistas en Acción, al tendencioso artículo de El País  «La ciencia confirma que los transgénicos son igual de sanos que el resto de alimentos» que titula e informa de manera falaz acerca de  la revisión de numerosos estudios sobre OGMs publicada en USA.

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«En los estudios realizados se han encontrado diferencias entre los animales alimentados con pienso que contenía transgénicos y los alimentados con piensos que no los contenían; estas diferencias eran estadísticamente significativas (es decir, no se debían al azar sino al tratamiento), pero no se consideraron biológicamente relevantes. Sin embargo, no se había definido de antemano qué se consideraría “biológicamente relevante”, y no se calculaba la potencia estadística de los estudios. Las diferencias encontradas podrían haber significado que existían efectos adversos, pero la metodología no permitía detectarlos. Es decir, el informe está en lo correcto al decir que “no se han detectado efectos adversos” (y también los titulares), pero también señala que esto no quiere decir que no existan. En uno de los casos que describe el informe, de hecho, se realizó un ensayo de alimentación con un tipo de arroz en el que se había introducido un gen para una proteína de toxicidad conocida (como control positivo), sin que se detectaran efectos adversos. Ante esto, el informe señala la necesidad de realizar más estudios con una metodología corregida: los estudios realizados hasta la fecha, aunque no se puede decir que señalen efectos adversos, tampoco permiten obtener datos concluyentes respecto a seguridad».

Con los datos y estudios disponibles actualmente no pueden obtenerse conclusiones sobre los posibles efectos a largo plazo en la población humana. Aun así, y debido a la preocupación detectada en los testimonios recogidos, el comité se preocupa de utilizar los datos disponibles (que, señala, son insuficientes y no pueden utilizarse para obtener datos concluyentes) para detectar posibles cambios en la incidencia de distintas enfermedades crónicas. No obstante, tal y como señalan, esta es una aproximación muy somera a la detección de estos problemas. Para detectarlos en la realidad harían falta estudios post-comercialización que controlasen un gran número de variables, intentando que la única diferencia entre unos grupos y otros fuera el consumo o no de alimentos (o de un determinado alimento) transgénicos.

Varios de estos comentarios, pero especialmente este último, nos llevan al que podría ser uno de los puntos clave de la disensión: los estudios que se están haciendo no son adecuados para poder garantizar la seguridad (entendida como un nivel de garantía similar al que hemos tenido con los alimentos no obtenidos mediante técnicas con una probabilidad alta de generar efectos imprevistos), pero garantizar la seguridad estaría entre muy caro e imposible. En varios puntos del informe se habla sobre “riesgo aceptable”: ¿quién decide qué riesgo está dispuesta a aceptar una población? ¿es esta una decisión necesariamente científica? Es lógico que la decisión debe apoyarse en datos científicos, entre otras cosas, pero esto no implica que todo el proceso de toma de decisiones se encuadre en este ámbito.ix)

La postura del informe, y donde se desmarca de la postura ecologista, es que ante esta situación lo mejor que podemos hacer es seguir comercializando estos alimentos como hasta ahora, poniendo quizá algunos medios técnicos más para detectar esos posibles efectos adversos, y esperando que si detectamos alguno de estos efectos el alimento se pueda retirar. Este balance precaución-riesgo ha sido el que se ha escogido durante años, y el que se ha seguido con pesticidas, sustancias químicas de síntesis, etc. El siglo XX recoge varios casos de productos y tecnologías para las que los científicos “no detectaban efectos adversos” (a veces de forma honesta y a veces no), y que eran buenas hasta que dejaron de serlo. Con los propios transgénicos, este balance es el que ha llevado a situaciones como la de la proliferación de malas hierbas tolerantes a glifosato como la que señala el informe, o a casos de propagación de transgenes en la naturaleza “que nunca iban a ocurrir”. Es el balance (salvando las distancias) que nos ha llevado a no reconocer globalmente el cambio climático hasta muy tarde.

Una visión alternativa sería la de limitar estas técnicas a ámbitos confinados (con niveles de confinamiento, control e información verdaderamente efectivos), en donde la investigación científica pueda llevarnos a un escenario en el que conozcamos lo suficiente los sistemas vivos como para que esos efectos “imprevistos e impredecibles” dejen de serlo. En estos ámbitos confinados, las consecuencias de utilizar un OMG, buenas y malas, afectarían sólo a quien toma la decisión de utilizarlo (por ejemplo, un enfermo que quiere utilizar insulina producida por un organismo recombinante). Mientras tanto, existen alternativas para que la agricultura pueda avanzar y hacer frente a los desafíos que tenemos por delante, sin necesidad de arriesgarnos a sumarle a estos desafíos el tener que seguir apagando fuegos.