Cazadores versus conservadores de la naturaleza

El Partido Popular pretende que el Congreso de los Diputados distinga explícitamente a los cazadores como conservadores de la naturaleza. Su grupo parlamentario ha presentado una moción para que se reconozca desde el Parlamento «el compromiso» con el medio natural y la «conservación de la naturaleza» de los cazadores y pescadores deportivos.

Tras el revés que supuso para el sector cinegético la prohibición sin reservas de la amputación de rabos de perro –las excepciones por las que luchó el PP se referían a ejemplares usados para la caza–, los populares vuelven a usar el Congreso para sacar la cara por los cazadores.

La iniciativa, aparecida en el Boletín de las Cortes el 25 de mayo, añade que se debe «impulsar la práctica de ambas actividades por su contribución al interés general». Y echa mano de una ya manida iniciativa política del Partido Popular: la elaboración de una «estrategia nacional de la caza».

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Los humanos una especie no sostenible de depredadores

Una investigación publicada en agosto en la revista Science por un equipo dirigido por Chris Darimont, profesor de Geografía en la Universidad de Victoria (Canadá), presenta una nueva visión detrás de las extinciones de fauna generalizadas.

Referencia bibliográfica: Chris T. Darimont, Caroline H. Fox, Heather M. Bryan, Thomas E. Reimchen.»The unique ecology of human predators» Science 349 (6250): 858 – 860.
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Firmas: No cazador

La caza genera agresiones a la naturaleza, viene dando lugar a numerosos conflictos sociales y resulta éticamente reprobable pues se desarrolla fundamentalmente con fines económicos o lúdicos.

En España, la caza provoca cada año la muerte de 50 millones de animales, utilizando para ello más del 95% del territorio. Envenena el medio ambiente y, en particular, a la avifauna con el vertido de unas 6.000 toneladas de perdigones de plomo. Pone puertas al campo mediante la colocación de cancelas y el levantamiento de miles de kilómetros de vallados cinegéticos. Provoca la desaparición de la fauna silvestre autóctona mediante sueltas incontroladas y, sobre todo, a través del uso todavía muy extendido de venenos, lazos, y cepos para acabar con los depredadores. Da lugar al maltrato animal, no sólo de las víctimas de la caza, sino también de los perros que se emplean en rehalas y cacerías.

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