Esta granja no es la leche

La sustitución del modelo social y sostenible en la ganadería y en la agricultura por un modelo industrial es un proceso silenciado que se está llevando a cabo desde hace muchos años y la reconversión brutal en el campo lo pone de manifiesto.

Me gustaría compartir en este artículo algunas reflexiones sobre este «monstruo lácteo» que es el proyecto de la macrogranja de 20.000 vacas en Soria, además de ver los impactos graves que tiene a nivel social, económico y medioambiental. ¿Cómo puede plantearse un proyecto así y pensar que tenga posibilidades reales de ponerse en marcha? ¿Cómo es posible que lo único que se valore sea la inversión, que no deja de ser especulativa, frente a los grandes impactos que este monstruo genera?

Esta macrogranja, este modelo industrial de producción láctea, se pone fácilmente en evidencia y son muy claros los impactos que genera, pero la sustitución del modelo social y sostenible en la ganadería y en la agricultura por un modelo industrial es un proceso silenciado que se está llevando a cabo desde hace muchos años y la reconversión brutal en el campo lo pone de manifiesto. En el Estado español han desaparecido desde el año 2000 un 70% de explotaciones lácteas. En Hego Euskal Herria había en el año 2000 un total de 2444 explotaciones lácteas, mientras que hoy en día son 518, un 78% menos.

En el sector ganadero; si no ponemos fin al aumento del tamaño por explotación, si no ligamos producción y tierra, si no apostamos fuertemente por la incorporación a la producción de nuevas personas ganaderas, modelos sostenibles de producción, transformación y comercialización local, si no ligamos la producción de leche a la sostenibilidad económica, social y medioambiental y a la calidad de la leche, si no apostamos por este modelo, ¿quién va a parar y cómo paramos este u otros proyectos similares o las grandes inversiones especulativas que se están haciendo también en la agricultura?

En la sociedad; habitualmente muchos Gobiernos nos venden estos proyectos que aparentemente generan empleo, sin embargo destruyen el estable; se presentan de desarrollo pero destruyen la economía local; nos los venden como logros y priorizan la inversión externa, cuando la suma de la inversión de la población propia o la del propio sector agrario es muy superior a la de esos inversores y la que de verdad crea economía real y estable; nos venden los mercados internacionales pero sacrifican nuestros mercados más cercanos. Nos quieren convencer del movimiento financiero e inversiones, de la globalización o los acuerdos de libre comercio (CETA, TTIP, TISA), cuando vemos cómo se destruye el trabajo local y la producción agraria y la alimentación local.

Como baserritarras y habitantes del medio rural necesitamos que el conjunto de la sociedad participe en el debate y nos acompañe en las decisiones sobre qué modelo económico, social y medioambiental necesitamos, qué modelo de agricultura y alimentación, la conservación de la biodiversidad y un medio ambiente cuidado y para ello es importante que se reconozca, que solo será posible con políticas dirigidas a sostener e incorporar en el campo muchas personas agricultoras con una renta suficiente y unos servicios equiparables a las ciudades.

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