La desecación de la marisma del Pombo

El trabajo ganador de la XXII Edición del Premio Cabuérniga de Investigación sobre Culturas Rurales y Marineras, “Geografía histórica de la bahía de San Vicente de la Barquera. Un ensayo con la desecación de la marisma de Pombo”, obra de Oscar Gutiérrez Franco, editado y publicado recientemente por la Revista Cantárida, organizadora y patrocinadora del Premio, supone una aportación fundamental tanto por el rigor de su análisis como por convertirse en una referencia imprescindible para extrapolar esta iniciativa al estudio más sistemático y generalizado de las zonas húmedas litorales, tanto en Cantabria como en el conjunto de España, y ayudar a comprender mejor las circunstancias –y añadiriámos, también, para enmendar los graves errores cometidos en su tratamiento– en que estas áreas esenciales para la conservación de la biodiversidad, el mantenimiento de los equilibrios en los flujos intermareales, y la lucha contra los efectos negativos del cambio climático fueron objeto, por parte de las Administraciones Públicas y de muchas iniciativas privadas, de mútliples y variadas agresiones que, en muchos casos, acabaron haciéndolas desaparecer, reduciendo sustancialmente sus hábitats originales, artificializándolas en extremo, arruinando sus valores ecológicos o sustituyendo sus funciones ambientales por aprovechamientos económicos intensivos o construcción de infraestructuras sumamente perjudiciales para el papel que desempeñaban en las dinámicas litorales y la superviviencia de la fauna y la flora marinas o de las terrestres y aéreas vinculadas a ellas, de manera especial a las aves.

La oportunidad de la investigación se refuerza, aún más si cabe, por encontrarse en el Parque Natural de Oyambre que bien podría añadir el estímulo defínitivo para una experiencia-piloto ejemplar que superase los graves problemas de gestión que ha venido padeciendo con el inicio de un programa integral de rehabilitación y restauración de estos testimonios fundamentales del patrimonio Natural y Cultural que son las zonas húmedas litorales y, por extensión, de aquellos otros vinculados a los usos del agua y el contacto histórico –núcleos urbanos, muelles, embarcaderos, puentes, molinos, faros, carreteras, campings, instalaciones hoteleras o de acogida…–  de las actividades humanas con las bordes litorales.

En esa línea, el método interdisciplinar y la sintesis dialéctica en su aplicación al análisis del territorio objeto de estudio del trabajo realizado, deberia servir de inspiración para introducir los criterios más apropiados para corregir, dentro de lo posible o en las futuras actuaciones e intervenciones que vayan a acometerse, los negativos impactos producidos a lo largo de la historia en estos ecotonos o ecosistemas de frontera, particularmente frágiles y delicados respecto a los situados tierra o mar adentro; y donde la profundidad de sus horizontes, la continuidad de sus perspectivas, el carácter diáfano de sus cuencas visuales, la variedad y el contraste de sus paisajes y micropaisajes, la riqueza y productividad biológica, la facilidad de los asentamientos y desplazamientos, su vocación para el ocio o las actividades recreativas…., han sufrido numerosas distorsiones y degradado, en ocasiones de forma irreversible, la calidad y singularidad de  sus escenarios, las funciones que desempeñaban, y la rentabilidad económica, social y ambiental que les caracterizaba.

Por otro lado, la necesidad de elaborar urgentemente estrategias preventivas contra los efectos del cambio climático –y sus manifestaciones, cada vez más frecuentes de subida del nivel del mar, fuertes temporales y acción del oleaje, desaparición de playas, daños en las infraestructuras y asentamientos costeros…– e impregnar a las soluciones adoptadas de visiones a largo plazo que impliquen un retranqueo generalizado de todos aquellos usos y actividades que ya han empezado a verse afectados, debería incorporar una interpretación más ambiciosa y exigente de la Ley de Costas y del Plan de Ordenación del Litoral que  ampliase la delimitación de la franja marítimo-terrestre y una regeneración y recuperación de las marismas – que en el área que nos ocupa debería extenderse a las marismas de La Rabia, Zapedo, Los Llaos, Bederna, Merón, Rubín y Pombo– que han sido desecadas con rellenos, vertidos, plantaciones de monocultivos arbóreos de crecimiento rápido, diques o barreras, anulando o disminuyendo la función de colchón amortiguador de las grandes mareas, reduciendo el calado y las posibilidades de navegación en las rías y estuarios que les conectan con la mar abierta, y provocando una mayor presión y mayores daños sobre las playas, campos dunares, atraques, puertos e instalaciones diversas de los bordes costeros.

Emilio Carrera. Director de la Revista Cantárida. Organizadora y Patrocinadora del Premio Cabuérniga de Investigación sobre Culturas Rurales y Marineras.

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