Prólogo del informe “Cambio climático en Europa: Percepción e impactos 1950-2050″

Florent Marcellesi, portavoz de EQUO en el Parlamento Europeo

Portada_Alba_10_grPrólogo al informe “Cambio climático en Europa: Percepción e impactos 1950-2050″ (Cantero, 2015, EQUO)  Descargable gratis aquí.

En la década de los 70 el cambio climático era presentado como una amenaza para las generaciones futuras, hoy no hace falta. Las generaciones futuras somos nosotras y nosotros y el cambio climático es una realidad.

Sin embargo, los impactos del cambio climático nos parecen a menudo lejanos y ajenos en la piel de un oso polar en el Ártico o de icebergs que desaparecen a la deriva. La distancia emocional, en particular la geográfica, parece inmunizarnos individual y colectivamente contra uno de los retos más grandes que ha de afrontar la humanidad: frenar el cambio climático.

Lo que hagamos en estos momentos favorecerá la supervivencia civilizada de la especie o la barbarie. Después de tres décadas de promesas de todos los colores, hoy sabemos que ningún milagro tecnológico nos va a salvar: tenemos que disminuir colectiva y sustancialmente la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero para frenar el calentamiento global.

Para ello, necesitamos afrontar sin dilación la transición energética de nuestras sociedades hacia un modelo energético basado en el ahorro, la eficiencia y las renovables, así como establecer compromisos vinculantes por parte de todos los gobiernos. Sin embargo, ante la lucha encarnizada entre países con intereses y responsabilidades tan divergentes en materia de calentamiento global y el tremendo poder de frenada de los oligopolios de energéticos fósiles, necesitamos la ciencia, la conciencia y la presión ciudadana unidas para realizar esta transición.

Con esta publicación queremos aproximar el cambio climático a la ciudadanía europea y contribuir a la divulgación de los impactos que ya ha tenido, que está teniendo y que tendrá en nuestra vida diaria, en el medio que habitamos y en el clima. Nuestro objetivo es sencillo y a la par complejo por la escasez de datos disponibles sobre nuestro entorno inmediato.

El objetivo es pues aproximar espacial, temporal y emocionalmente el cambio climático para cambiar nuestra mirada, hoy esquiva y distante, y favorecer la implicación activa de la ciudadanía en la lucha por la mitigación y la adaptación.

Empecemos por entender de forma simple e intuitiva cómo el cambio climático afecta a nuestra tierra, a los paisajes que habitamos, a las playas, a la agricultura, y en definitiva, a nuestro bienestar.

Se sabe que el cambio climático supone la transformación real y profunda de gran parte de los fenómenos de los que depende la vida: las temperaturas, las precipitaciones, la hidrología,… etc. Fenómenos que luego afectan radicalmente las actividades humanas y, por tanto, a su economía, que a su vez depende de los ecosistemas que habita para su reproducción y mantenimiento sostenibles.

¿Qué pasaría si Andalucía dejase de producir aceite de oliva? ¿Imaginas Valencia sin naranjas? ¿o La Rioja sin vino? Todos estos cultivos se encuentran hoy en riesgo debido al calentamiento global, desplazándose en pocas décadas su espacio de producción óptima al centro y norte de Europa. ¿Qué pasará entonces con la cultura y el empleo de estas regiones?

Este informe está estructurado en 4 partes: Primero, posaremos nuestra atención en el pasado reciente e introduciremos los efectos del calentamiento global desde 1950 hasta la fecha. Observaremos los cambios que ya se han producido en este periodo de tiempo y, sobre todo, que muchas de nuestras personas mayores han experimentado y sentido en carne propia.

Como apunta el autor del estudio, “el cambio climático no es sólo un hecho científico y modelos matemáticos: es un proceso que ha marcado la vida de muchas personas que han visto cómo los paisajes de su infancia eran transformados por completo”. Desde esta perspectiva personal, se trata de conectar el cambio climático con la vivencia de nuestros padres y madres, abuelos y abuelas.

Posteriormente, echaremos una mirada hacia el futuro, con el año 2050 en el horizonte, por ser la fecha escogida en las negociaciones climáticas internacionales para alcanzar un mundo descarbonizado. Esta proyección en el futuro es una invitación a imaginar lo que nos espera en caso de que la temperatura aumente de 2°C o 4°C. Nuestro bienestar, autonomía, oportunidades estarán cada vez más condicionados por la evolución del clima porque, evidentemente, no es lo mismo vivir con un clima mediterráneo, que en uno semidesértico; como tampoco es lo mismo disfrutar de un clima de fenómenos más o menos estables y previsibles, que poblado de incertidumbre.

En este sentido, los científicos internacionales han dibujado una línea roja clara. Mientras que por debajo de un aumento de temperatura medio de 2°C es todavía posible prever a grandes rasgos los impactos del cambio climático, por encima de éstos, nos adentramos en terrenos desconocidos y aún más peligrosos.

Los ecosistemas no responden de forma lineal al aumento de temperatura, y por encima de ciertos umbrales críticos (en este caso 2°C), los cambios pasan a ser abruptos e irreversibles. La línea entre estabilidad y colapso, la vida digna y la incierta se llama 2°C.

Con esta doble perspectiva, a la vez retrospectiva y de prospectiva, este estudio es una invitación a romper la distancia emocional que mantenemos con el cambio climático. Es una invitación a ver el cambio climático como lo que es: una realidad palpable por parte de los que están pisando y pisarán la Tierra. Una invitación a no quedarse en los lamentos: somos copartícipes y en parte responsables de esta situación, pero lo que es más importante, somos también parte de la solución.

Es por ello que este estudio forma parte de una campaña más amplia de Los Verdes Europeos de cara a la cumbre climática COP21 de París, en diciembre del 2015, que además de hacer hincapié en los principales impactos del calentamiento global, estará orientada a:

  1. Presionar y trabajar para un acuerdo post-Kioto a la altura del reto climático.

  2. Apoyar y poner en valor las alternativas ciudadanas e institucionales ya en marcha hacia una transición energética justa, sostenible y democrática.

Porque además de tomar conciencia de la magnitud del problema, debemos ser conscientes de nuestro poder para cambiar de rumbo de ésta, nuestra única historia, para construir una sociedad solidaria y sostenible. Solo una ciudadanía bien informada y empoderada puede conseguirlo. Esperamos que esta publicación sea un aporte útil en ese camino.

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